Durante la exposición solar, los niños, jóvenes y adultos pueden estar ante una exhibición a los rayos ultravioletas UVB y UBA (el sol), los cuales pueden ocasionar posibles enfermedades en la piel a largo plazo.
Por ello, es de vital importancia evitar o reducir la incidencia del sol en el rostro y en otras áreas del cuerpo con ayuda de los protectores solares; éstos resguardan la piel de las quemaduras que pueden producir la penetración de los rayos ultravioletas UVA y UVB cuando se está al aire libre. Los rayos UVB causan quemaduras solares en la capa más superficial de la dermis y los rayos UVA penetran las capas más profundas de la piel.
La exposición solar puede tener efectos positivos sobre la piel: el sol es fuente de salud, ya que permite que se produzca la vitamina D y se utilice favoreciendo el depósito del calcio en los huesos, igualmente ayuda a la circulación sanguínea. Sin embargo, también puede tener efectos negativos, pues con el tiempo este puede producir efectos secundarios sobre ella (envejecimiento prematuro, manchas y hasta cáncer de piel).
La protección solar no sólo se debe tener presente durante los días de playa, sino debe formar parte de la rutina diaria del cuidado de la piel, puesto que continuamente se está expuesto a los rayos UV. Tomando esta recomendación como hábito, se podrá prolongar la lozanía de la piel y retrasar los efectos secundarios que el sol causa en ella.
Una manera efectiva y segura de disfrutar del sol es aplicando protector solar con un factor de protección elevado (FPS) 30 durante todo el día: antes de salir a la playa, al llegar y para una mayor efectividad, después de haberse sumergido en el agua o cada dos horas para reactivar su acción. Adicionalmente, evitar la exposición solar en horas del mediodía cuando los rayos UV son más intensos y utilizar siempre sombreros, gorras y lentes para protegerse del sol.
fuente/diarioeltiempo.com.ve/
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